
Tomasa Balladares es una campesina muy conocida en la comunidad El Terrero, jurisdicción de San José de Cusmapa. Tiene aproximadamente 45 años, 20 de los cuales se vio obligada a emigrar a otras zonas debido al conflicto militar que vivió la zona en los años 80.
Se considera “bendecida por Dios” y no es para menos, su pequeña finca, ubicada a unos 11 kilómetros de San José de Cusmapa, limita con una pequeña quebrada que le abastece de agua.
La fuerte sequía provocada por el fenómeno de El Niño y que afectó la zona el pasado año, no logró secar totalmente la fuente. Los trabajos de reforestación que realizó junto a sus vecinos alrededor del crique, fueron determinantes para preservar y salvar el único lugar que les abastece de agua.
Esa fuente fue vital para que doña Tomasa, beneficiaria del Bono Productivo que le entregó el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional y del Programa Especial de Seguridad Alimentaria que promueve la FAO, haya obtenido tanto progreso en la producción de alimentos, que además de complementar su dieta alimenticia, le da para ayudar a otros vecinos que viven distantes del lugar en una expresión clara de cristianismo y solidaridad.
Venciendo obstáculos
Los conocimientos de doña Tomasa sobre las buenas prácticas, sistemas agroforestales y la cosecha de agua, comenzó hace ocho años, con la llegada del Programa Especial de Seguridad Alimentaria de la FAO.
“Nos enseñaron como trabajar los patios, sembrar en llantas y producir nuestros alimentos”. Esa experiencia la transmitió a otros campesinos de la zona, para ayudar a enfrentar los problemas de alimentos que sufren cada año debido a que viven en un municipio ubicado en el corredor seco de la zona norte del país.
Tomate, chiltoma, cebolla, hierba buena, chile, repollo son entre otros, los productos que doña Tomasa ha logrado cosechar en los huertos que tiene en su patio los que riega con un sistema alimentado por la pequeña fuente que tiene a varios metros de su finca. Una parte de los productos cosechados quedan para el consumo de su familia, otra va para el mercado campesino que se realiza una vez a la semana en el municipio de San José de Cusmapa, logrando en un día obtener hasta 300 córdobas de ganancias, y el excedente de los alimentos, los intercambia con sus vecinos.
La sequía, un reto a vencer
Los pequeños productores de la comunidad El Terrero, sufrieron mucho por el daño que causó la sequía en la cosecha de granos básicos. Doña Tomasa también resultó afectada por la falta de lluvias y lo que logró cosechar fue sólo para el consumo de su familia. “Perdimos todo, la sequía fue grande” asegura.
Pero para ella, el impacto de la sequía será menor en tanto la siembra de patio le permitirá tener en el momento más difícil, una alternativa alimenticia que complemente la falta de granos básicos. “Hay gente que ahorita se lamenta porque perdieron sus granos básicos, nosotros sembramos guineos, malanga, repollo y eso nos ayudará para enfrentar la crisis”, señaló.
Tener la fuente de agua fue una bendición para esta campesina. “Hasta una crianza de Tilapias tenemos aquí”, relata.
Apoyada por uno de sus hijos y con la asistencia técnica de una especialista de la Universidad Campesina que funciona en Somoto, logró reproducir en tres pilas, una cantidad de peces que pronto estarán listos no sólo para el auto consumo, sino también para “ofrecerlos en el mercado campesino como parte de la seguridad alimentaria”, asegura la campesina.
El alimento para los peces sale del mismo patio, les da hojas de repollo, Guácimo, frijol amarillo y otras semillas molidas que son nutritivas para las Tilapias.
El bono productivo
Doña Tomasa fue beneficiada con el Bono Productivo que entregó el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional a través del Ministerio Agropecuario y Forestal, una vaca, una cerda y una decena de gallinas. Con el producto de la cerda, logró comprar cabras que ahora le dan leche con la que mejoró los niveles nutricionales de sus nietos y hasta de los hijos de los vecinos.
Las gallinas le producen suficiente huevo, tanto para
el consumo de su familia, como para darles a los vecinos a cambio de otros productos que ella no tiene.
“Ayudamos a la seguridad alimentaria”, asegura, mientras junto a su hijo Abelardo López Balladares, selecciona los huevos que llevará a vender al mercado campesino.
Mientras llega el tiempo de sembrar granos básicos, la familia de doña Tomasa sembró repollo y tomate aprovechando el sistema de riego. “Llevamos hasta un bidón de tomates al mercado y lo vendemos todito”.
Mejoró su auto estima
Doña Tomasa es una mujer muy alegre y platicona, con mucha seguridad relata con detalles todo lo aprendido y como lo pone en práctica. Da consejos sobre cómo retener agua, como hacer abono orgánico recolectando el estiércol de la vaca y las gallinas, dice que trata de no perder nada.
Pero lo que la tiene más contenta es que según ella, los proyectos del Gobierno y la FAO, le han permitido mejorar su auto estima. “Usted sabe, antes no podía hablar con la gente, no hablaba y me quedaba callada”. Ahora la cosa es diferente.